Mario y Felicidad...

Mario y Felicidad son una pareja de voluntarios bolivianos, entrañable y comprometida. Con ese testimonio quieren compartir su experiencia con el Bibliobús y transcribir las emociones y reflexiones de los niños que han acompañado. Tambien, el texto ilustra la realidad cotidiana de los niños y lo que representa el Bibliobus para ellos.

Hace más de 20 años ya que vivimos en el campo, y en todo este tiempo, no hemos escrito nada que no sean algunas cartas familiares, o de vez en cuando, el acta de algunas asambleas comunitarias. Así que es ésta nuestra primera experiencia de escribir un testimonio... de nuestra primera experiencia, también, de voluntarios en un "Bibliobús".

Como miembros afiliados a un sindicato campesino y encargados de fortalecer la educación de nuestra comunidad, buscamos en la ciudad, alternativas de todo tipo, así fue como nos encontramos con Ana, y posteriormente conocimos al equipo del Bibliobús, que presta su apoyo en zonas alejadas del centro de la ciudad de Cochabamba.

Interesados por conocer por "adentro" el Bibliobús nos metimos en él una tarde calurosa, y sentimos inmediatamente, el fresco gusto de conocer a varias personas ahí... Adela, Hans, Rocío,

Al llegar a una zona alejada del municipio de Quillacollo nos llamó la atención la "bocina de heladero" que Ramiro hizo sonar, anunciando así a los chicos que llegábamos, y nos sorprendimos más todavía, cuando en la canchita del barrio vimos a muchos niños corriendo para formarse y esperar su turno para lavarse las manos. Otros, esperaron que se detuviera el Bibliobús e inmediatamente comenzaron a armar las mesitas de plástico. Parecía que sabían bien qué hacer y cómo hacerlo... así que nos limitamos a observar y ayudar de vez en cuando. Durante más de tres horas tuvimos la suerte de compartir con los niños y niñas de ese barrio, tratando de apoyar en la actividad de la tarde : dibujar y pintar presentes para sus mamás.

Nos gustó el entusiasmo, la alegría y la concentración en algunos instantes que mostraban una gran mayoría de los niños... y los comentarios que hacían mientras trabajaban. Nos quedó también, la voluntad y la responsabilidad de parte del equipo.

En los dos siguientes jueves, y ya mas ambientados, pudimos entablar cierto diálogo con algunas niñas que asisten todos los jueves, y que no quieren perderse por nada su encuentro con el Bibliobús donde les gusta leer, dibujar, pintar... Yolanda, por ejemplo, debe hacer turno con su hermanito, no sin antes luchar contra sus padres, como sus otras amiguitas, para arrancarles el permiso ya que deben cuidar a su hermanito de 1 año por que sus papás trabajan. Lidia siempre llega tarde, pero es porque después de la escuela a la que asiste por la mañana debe realizar labores en la cocina, ya que es la mayor. Roberto me comentó "Yo no podía leer ni dibujar, ahora he podido. Voy a seguir viniendo ya ?" Najeli y su hermanita leían y dibujaban absortas, ya casi terminaban sus trabajos cuando la mas pequeñita, de repente y asustada dice, "ahhh ! las ovejas, no hemos ido a ver". "Sooonsa, ya les he amarrado donde la tía", respondió Najeli sin dejar de hacer su trabajo. Y el suspiro de alivio de la nenita que comentamos luego ambos en nuestra casa, nos hizo pensar que quizá , ya comienza a ser menos "escandaloso" ofrecer educación fuera de las obligaciones escolares.

Por estas vivencias nos convencimos de la labor del Bibliobús en la formación de los niños, por lo que nos encantaría, y estamos seguros que a toda nuestra comunidad, nos visiten en el campo, y puedan disfrutar también nuestros hijos de este regalo.

Mario y Fely